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Sierra Laguna, en Baja California Sur

junio,2010

cascada

El jeep se ha salido de la carretera para tomar las brechas que llevan a Sierra Laguna, en Baja California Sur. Un guía y cuatro personas más, van dentro del vehículo que empieza a atravesar el desierto.

El guía cede el volante a algún voluntario. Se debe cruzar un arroyo con bastantes piedras. Nadie se baja del jeep de llantas gordas. Hay que sujetarse para no caer, pues parte de la cabina se ha desmontado para que puedas observar muy bien el paisaje.

Lo que más se ve son cactáceas de varios tamaños. De enero a mayo tienen flores, sus colores contrastan con el amarillo de la arena que se levanta entre cada acelerada.

El plan del recorrido es encontrar un oasis en medio del desierto. Cuando el jeep ya no puede entrar en los terrenos la vegetación se vuelve más apretada, sus tripulantes deben descender para
hacer una primera caminata de casi media hora.

Poco a poco se van encontrando las primeras albercas naturales que se forman con la caída del agua de la cascada Sol de Mayo.

Los agobiados por los rayos del sol pueden meterse a dar un chapuzón o caminar 15 minutos para llegar a la alberca grande, de agua fría y color turquesa.

En este oasis se pasa un buen rato para aprovechar y tostarse la piel. Además de admirar como al pie de la cascada nacen los cactus que dan las pitahayas. Las que estén maduritas se pueden comer.

De nuevo todos hay que subir al auto, para hacer una visita al pueblo de Santiago, característico por la venta de artesanías de toda la República.

A un kilómetro del pueblo hay una playa en donde se hace una escala para comer, bajo una palapa, tacos de pescado y camarón acompañados con guacamole y una cerveza bien fría.

El final es en San José del Cabo. Cuando se toma el camino de regreso, el guía es quien se apodera de nuevo del volante para poder subir los dos kilómetros de colinas y seguir esquivando las piedras, algunas de hasta siete metros de diámetro.

Los que van de “mirones ” no tienen pretexto para decir que no alcanzaron a observar las iguanas, las serpientes y las aves que habitan en la zona.

Por último se hace una visita al Parque Marino Nacional de Cabo Pulmo, el único arrecife de coral vivo. El staff reparte el equipo de esnórquel para que puedas nadar con las especies que solía contemplar el legendario Jacques Cousteau.

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